Extrañezas

Un día decidí ir a casa de madrina Nina y jugar todo el fin de semana. Era un lugar divertido, lleno de secretos. Tenía dos frentes, un radio que parecía marciano y un padre de juguete vestido de crema y rojo en la mesita del pasillo. Me sorprendió ver que madrina tenía entonces dos televisores. Una, en la salita de estar- donde siempre había estado- y otra en la cocina. Miré fijamente la nueva tele: era cuadrada, con bordes redondos, blanca, y tenía botones a la derecha.

Desde ese momento, noté que nadie se sentaba a verla, sentí curiosidad. “¡Qué rara esta gente!”, pensé mientras iba hacia el patio a tumbar una guanábana. Me la comí con las manos y me entretuve con las hormigas hasta que se hizo de noche. Lo que pasó cuando entré fue sorprendente: madrina Nina, en la cocina, echó comida en un envase plástico, se dirigió hacia la tele, la cual, al ser presionada, abrió una puerta. Era amplia adentro y tenía un plato transparente. Madrina colocó la comida adentro, cerró la puerta, presionó los botones y un rato después, la tele ¡chilló!

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