Preludio a una Peste

Un lagarto de sol y miedo en la sabana.

Habías regresado,

todo beso de tierra

todo cárcel de aromas.

Todo un abismo de cáncer y misterio

entre las jarras azulfurosas de mi gracia.

Era el otoño de mieles incurables

de las cuencas de tu brisa infértil.

Los has visto, vestidos de piel y pelo,

y has llorado en tres fases y

un placebo.

Habías llegado,

camarada del chillido eterno

disfrazado de espina o rollo de mimbre

disfrazado de pera.

Cuántas armas no son de sol o viento

o fuego o sueño?

Calla las voces de la noche,

que la mierda aún resuena.

Resuena todo tú,

todo un nuestro baldío.

Cállalas a todas, que vuelven,

esta vez sin las pieles.

Tormenta ecuatorial de pelos

y pesos de media cuna.

Vienen.

Ya vienen.

Desviste tus huellas y haz un vestido de arcilla,

el llano se perpetúa en esta cresta.

Te verás perpetuado,

reptil infeliz,

cola de azote, lengua de azote,

en las negras espaldas de alguna piedra.

 

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